En ti encontré esa paz extraña de saber que algo hermoso está terminando. Tenías la calidez de los últimos rayos de luz, esos que se aferran a la piel con nostalgia, conscientes de su propia brevedad. Amarte fue como mirar al horizonte: un espectáculo vibrante que me dejaba sin palabras, pero que siempre terminaba en penumbra.
Fuiste eso: la transición perfecta entre el todo y la nada. El momento exacto en que el cielo se incendia para recordarnos que, a veces, la mayor belleza reside en saber irse. 📖 Resumen de la obra Siempre fuiste un atardecer - Helen Rytkonen.epub
Aprendí que los atardeceres no se pueden retener. Por más que intenté cerrar los puños para guardar tu brillo, te filtraste entre mis dedos como el tiempo, dejando tras de sí un rastro de sombras largas y el recuerdo de un calor que ya no me pertenece. En ti encontré esa paz extraña de saber